Tengo solo una hora antes de que parta el avión. Don Oscar transpira a montones y trata de llegar rápido a casa. Apenas lleguemos busco mi pasaporte y salgo de allí corriendo. No se preocupe señora, ya estamos a punto de llegar -dice mi fiel compañero, Sancho Pan…, perdón, Don Oscar, es que me cayó en gracia pensar que Oscar era mi Sancho.
Al llegar a mi departamento observo que mi amante momentáneo, Paulo, el policía, está mirando mi ventana y llamando desde su teléfono móvil a casa. No puedo explicarle nada, es policía. Aunque podría aprovecharlo. De hecho si quisiera acompañarme sería un viaje muy interesante. Sí que lo sería… No, no puedo ir con él. Todavía no sé si puedo confiar en él, pero necesitaría un compañero de aventuras para cubrirme las espaldas. Lo veré luego. Mientras tanto debo buscar la manera de pasar desapercibida a los ojos de Paulo y tiene que ser ahora mismo, no hay tiempo que perder. -Oscar, ¿tiene usted teléfono móvil? -Asiente con la cabeza y me lo pasa automáticamente. Eso es confianza. No tengo el teléfono de Paulo pero sí el del concerje de mi edificio. A veces soy tan unteligente. Trato de comunicarme pero mi concerje es tan lento como cualquier otro, mira la tele mucho tiempo y luego ya ni se levanta del sillón. Maldito vago. Todos los años estamos a punto de cambiarlo y no lo hacemos. Si me atiendes ahora juro que no votaré en tu contra la próxima vez que hablen sobre suplantarte -¿Hola? -dice el concerje con voz soñolienta y yo me alivio y a la vez maldigo tener que estar de su parte la próxima votación. -Miguel, quería saber si podría hacerme un favor, en la puerta debe haber un hombre esperándome: ¿podría usted decirle que lo encontraré an unas horas en casa? Le agradecería mucho que lo haga, porque en este momento estoy realmente ocupada y perdí su número -a lo que él responde -Mmhh, sée… -le agradezco con toda la efusividad que puedo y espero los resultados. Oscar me pregunta sorprendido -¿Funcionó? -esta vez es mi turno de asentir con la cabeza. Esperamos un tiempo infinito. Bueno, solo fueron unos minutos, pero fueron difíciles, no teníamos tiempo. Sale Miguel y farfulla unas palabras a Paulo, pero con la puerta entreabierta. Se vé claramente que Miguel no tiene ninguna gana de salir, pero lo hace, sale con sus calzones de ositos y le explica a mi nuevo amante la situación. Paulo mira desconfiado y luego se vá. Apenas dobla la esquina Oscar y yo salimos corriendo hacia mi departamento. Ya estamos mimetizados. Pasamos, y mientras esperamos el ascensor vuelve a pasar Miguel en sus calzones, tan a la moda, como siempre. Me mira extrañado sin reconocerme del todo, pensando en que si yo estaba ahí debía sr otras quien habría llamado. Llega el ascensor y Don Oscar lo saluda con una gran sonrisa. Lo tomo del brazo y lo meto al ascensor. Apenas estamos arriba abandono la puerta del ascensor a su suerte y obviamente se golpea contra la pared. Busco desesperadamente las llaves, abro y entro a casa. Ni siquiera miro mis cosas. Nada. Voy directo a la pieza sin siquiera prender las luces. Oscar lo hace. Encuentro mi pasaporte y mi tarjeta de débito y salgo corriendo. Oscar me sige, cerrando la puerta a su paso. Subimos al ascensor y esperamos llegar a planta baja para volver a correr nuestra maratón privada hasta el taxi. Ya en el auto nos dirigimos de vuelta hasta el aeropuerto. Ahora a pensar la manera de pasar y embarcar tan sobre la hora. Para eso está la tarjeta de débito. Oscar me mira por el retrovisor y me dice -Gracias por esta aventura, señora, le diría que nunca en la vida tuve tantas emociones juntas. ¡Su vida debe ser muy entretenida! -Lo miro y no sé como explivarle que nunca en mi vida tuve un día como este, pero le agradezco el gesto. Llegamos al aeropuerto y nos dirigimos hasta un cajero automático antes del intento de embarque. Llegamos a la caja -¿Hola, en que puedo ayudarle? -me dice la muchacha con una buena voluntad inhumana -Necesito viajar a Roma... -Por supuesto señora -interrumpe la niña -el próximo vuelo a Roma es a las… -¡No! -interrumpo yo esta vez -Necesito viajar a Roma ahora
-Le remarco a la pequeña. Me mira y dice sonriendo inocentemente -señora, el vuelo a Roma está por salir en 20 minutos, no podemos hacer que usted… -Ahí es cuando entran en acción mis doscientos dolares recién sacados del cajero. La niña mira mi mano. Me mira. Mira mi mano. -Ok, deme su tarjeta de crédito o débito y sígame -me dice e imprime unos papeles. La seguimos y llegamos hasta la zona de embarque. Don Oscar me abraza como si fuese su hija y al soltarme veo que caen lágrimas de sus ojos. Creo que lo quiero más que a mi padre. Sí, definitivamente. La muchachita nos dice
-¿Cómo, no van juntos? -a lo que Oscar dice -No querida -La chica nos dice -Disculpe pero yo había cobrado dos pasajes, señora -Miro a Oscar y todo tiene sentido -Pero, ni siquiera tengo mi pasaporte conmigo -dice Oscar sorprendido -a lo que la niña responde, podemos arreglarlo con otros doscientos… -Pregunto a Oscar si tiene su documento consigo y si quiere acompañarme -Me mira fijamente con cara de sorpresa y le digo -disculpe, es que todo pasó muy rápido, no se haga problema y disculpeme… cuando levanto nuevamente la vista tiene los ojos llenos, pero realmente llenos de lágrimas y me dice -Sí, claro que quiero. Saca su documento y lo arranco de sus manos. Se lo doy a la chica junto a sus nuevos doscientos dolares y luego embarcamos. Corriendo. Subimos al avión. Le agradezco a Oscar su ayuda y lo abrazo fuerte. Definitivamente es mi nuevo padre. Ahora debemos encontrar a mi doble. Mi nueva hermana. Parece que hoy es el día de la nueva familia. De repente noto que estamos en clase turista. Claro por más que busque y busque no iba a encontrar a esa perra ostentosa con su capelina enorme. Más adelante, detrás de una cortina de seda está la primera clase y por consiguiente veo su nuca. Mi nuca. Ya te tengo querida. La azafata se acerca y nos dice que debe ubicarnos. Ahí nos damos cuenta que estamos en lugares separados. Saludos a Papá Oscar con un guiño y él hace lo propio con la mano. Tiene cara de niño asustado. Seguro que nunca subió a un avión. Se nota. Bueno, yo tampoco, pero nadie lo nota porque estoy de cacería, al acecho de mi gemela malvada. -Disculpe señora -le digo a mi compañera de asiento luego de incrustarle el codo en la nariz. Fue sin querer, lo juro. -Aunque usted no lo crea hoy tuve un día como ninguno, pero no voy a contarle de eso, no. Ni siquiera voy a asediarla con alguna tontería del clima. No. No se haga problema que no voy a hablarle para nada. Solo voy a decirle que esa perra ya no puede huir de mí. Ni ahora ni nunca. Se cruzó con alguien realmente fiel a sus ideales, fuerte en su convicciones, conmigo, claro -le digo mientras cierro los ojos y levanto mis cejas hasta arrugar mi frente -no sé que está tramando pero lo sabré pronto, ya verá -la señora me mira asustada, no sabe que clase de ser humano puede ser tan irritante y acelerado como yo. Bueno, pues solo yo, al parecer. Una nueva especie. Luego de mirar un poco más mis sentidos comienzan a fallarme. Trato de mantenerme firme pero mi día fue muy largo. No tengo más fuerzas… me duermo… esto no va a quedar así… ya verá…
martes, 17 de marzo de 2009
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directiva: despierta en medio de la noche y ella no está, comienza una turbulencia en Brasil (el avion cuando viaja a europa pasa por brazil y hace una curva subiendo por africa, parte de españa hasta roma). la busca pero es imposible, es posible que ella sea igual de inquieta, o que la descubrio. es posible que le de miedo y se esconda o lo que sea, ella supone pero no sabe, espera a que aterrice el avion pero hay un cacheo de la policia romana, con perros y todo, ahi es cuando la pierde, parece ser que se la lleva la policia.
ResponderEliminarsuerte!